Si hay que morirse, mejor por accidente

 

El seguro de accidentes es el gran desconocido. Más o menos como La 1 y La 2 de la tele. La primera todo el mundo la conoce y muchos la ven, pero la segunda permanece en un segundo plano (nunca mejor dicho) más modesto.

Al seguro de accidentes le pasa un poco eso, porque es bastante más pequeñito que el de vida y, además, suele presentarse junto con éste.

En realidad, muchas pólizas de seguro de vida con cobertura de fallecimiento comprometen una indemnización en caso de muerte, pago que sin embargo es mayor (normalmente, un múltiplo: dos o tres veces) en el caso de que la muerte se produzca por accidente.

Este seguro también está presente en el seguro del automóvil, sobre todo a través de la denominada cobertura de ocupantes, que indemniza al conductor responsable de un accidente por los daños que sufre él o ella mismo.

A pesar de eso, el seguro de accidentes es muy importante. Si echáis un vistazo a las cifras oficiales del supervisor de seguros (Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones), observaréis que nos dice que la cifra de asegurados por accidentes en España excede incluso a la población. ¿Cómo puede ser eso?

La razón fundamental de este hecho es que en España existe, desde hace la friolera de ochenta y pico años, un seguro obligatorio de viajeros en medios de transporte colectivos de personas. Todo elemento humano que viaja en un autobús, en un tren, en un avión, tiene que estar asegurado de accidentes. De esta manera, en caso de existir daño, aunque no exista responsabilidad del transportista (por no haber cometido ninguna negligencia o temeridad), la víctima cobra una indemnización.

Pequeñito y todo, el seguro de accidentes nos asegura prácticamente a todos nosotros una o dos veces al día. Así pues, ojo con él.